Breve reseña sobre la provincia de León

    Desde el punto de vista climático, la provincia de León es un espacio de transición entre la Meseta y las cadenas montañosas. A pesar de la gran variedad existente, el clima provincial pertenece al tipo mediterráneo de influencia continental, matizado en algunos sectores por la influencia atlántica. Las principales características son la elevada amplitud térmica, la presencia de inviernos muy fríos y largos y casi permanente riesgo de heladas durante todo el año, el efímero significado de la primavera y otoño y las temperaturas moderadas de los cortos veranos que padece la provincia.

    Las precipitaciones se distribuyen irregularmente tanto en espacio como en tiempo. Así, en los sectores de precipitación más abundante (franja Norte y Oeste) se registran valores por encima de 1.500 mm. anuales, a menudo en forma de nieve, frente a los apenas 500 mm. de las zonas de meseta. Estas precipitaciones en ambos casos se concentran en los meses invernales y otoñales, por lo que a pesar de que se puede hablar de una cierta riqueza hídrica, la aridez estival persiste en la mayor parte del espacio provincial durante los meses más cálidos, siendo especialmente intensa en la llanura en julio y agosto.

    En función de los condicionantes termopluviométricos y la disposición orográfica, la cobertura vegetal de la provincia también se va a caracterizar por la diversidad y complejidad. Las formaciones atlánticas (haya, roble y abedul entre otras) jalonan los conjuntos montanos del Norte y Oeste provincial, siendo sustituidos en los pisos alpino y subalpino por los ricos pastizales que tan importantes han sido para el desarrollo económico de estas zonas.

    La encina, especie emblemática que representa la influencia mediterránea, ocupa en la actualidad una reducida porción de la cuenca sedimentaria y de las solanas de la transición entre la montaña y la meseta, ya que ha sido una de las más castigadas por el hombre. A pesar de que la Meseta es el espacio idóneo para su desarrollo, las continuas roturaciones y el regadío han sido sus principales enemigos. Junto a ella, otras especies mediterráneas como alcornoques, quejigos, enebros y almendros perviven en las áreas con microclimas más cálidos como ocurre en El Bierzo.

    Finalmente, la riqueza forestal de la provincia se complementa con la vegetación de ribera (chopos, sauces, alisos, álamos, fresnos) que se pueden encontrar a lo largo de cualquier curso fluvial y las repoblaciones, a base de pinos fundamentalmente, que desde mediados de los años 40 se han venido practicando.

    Todo este conjunto de variables físicas ha condicionado un modelo de poblamiento concreto, en el cual conviven espacios de hábitat concentrado basados en el aprovechamiento agrario de los recursos y de morfología regular localizados en la llanura y especialmente en las vegas y riberas, con espacios de montaña asociados a un hábitat disperso y de explotaciones extensivas, con una morfología peculiar de los asentamientos totalmente adaptada a los accidentes topográficos.

 

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