LOS ANCARES - EL TIEMPO Y LA VIDA
 

Una naturaleza brava y refugiada en tierras al margen de este tiempo, otorga a Ancares la indiscutible condición de Reserva.

    Tiene esta comarca el privilegio de estar geográficamente en un fondo de saco, al margen de los mapas; es decir, no hay caminos ni tráficos que la crucen.

    Por aquí no se va a ninguna parte, algo que agradece la intensa vida salvaje que aquí se aloja como en un refugio.

    Ocupando el ángulo noroeste de la provincia leonesa (y en parte tierras de la vecina Lugo), Ancares es territorio de la magnitud, de grandes montes en sucesión contínua, cuyos principales valles están tallados por las aguas del río Ancares y Burbia. Se completa su fisionomía característica con el valle superior de Fornela (rio Cúa) y el inferior de Balboa y Cantejeira.

    Aunque el poblamiento humano no ha sido especialmente intenso a lo largo de la historia, tambien aquí se delata un paisaje no exento de la mano del hombre que ha ido modelando valles y bosques. Fueron gentes abocadas a la autarquía agraria y ello está aún escrito en cada ladera o en la arquitectura popular ancaresa que la convierte en la más arcaica y singular de las tierras leonesas.
Hoy, acusada su despoblación, Ancares ve cómo la vegetación, el monte bajo de escobas y urces o los viejos robledales han ocupado lo que el arado y el pastoreo han abonandonado. Su amplitud, espectacularidad y altura son la mejor garantía de hábitat para una de las reservas faunísticas de mayor valor estratégico de España.

    Aquí radica, por ejemplo, uno de los escasos y más notables cantaderos de urogallos. Tambien el oso, desaparecido en décadas, vuelve a avistarse (montes altos de Burbia). Añadanse especies de amplia colonia: corzos, jabalíes, lobos, venados, zorros... especies que campan en la seguridad y grandeza de estos montes, al igal que las aves rapaces y una sorprendente avifauna que sobrepasa los cien nombres: garzas, perdices, becadas, carpinteros, búhos reales... y una extensa y menuda pajarada que pone bullicio especialmente en la vegetacion fluvial, junto a unos ríos de primor y aguas incontaminadas en los que manda la trucha salvaje y la ya difícil nutria, extinguida en la casi totalidad de cauces continentales.

    La práctica totalidad de esta comarca es en la actualidad Reserva Nacional de Caza. Botanicamente, ésta fue patria del bosque. Robles centenarios, tejedos de altura, acebales, encinas relicarias, madroños, alisos y fresnos se llevan la mirada grande. Escobas y retamas surgen donde el bosque fue devorado por hacha o fuego y tapiza con su alfombra espesa montes enteros para mejor campeo del corzo.

    Y salpicados en cualquier rincón, los castaños añaden su gran porte y nutrición complementaria a la creciente colonia de javalíes.

    En medio de todo ello está el hombre y su huella, protagonista tambien de la definición naturalista de la comarca. Su arqueológica agricultura y pastoreo están escritos en sus casas, colmeneiros, majadas, molinos, ferrerías, huertas y cultivos de altura. Con ellos y de ellos ha vivido gran parte de este milagro faunístico.

    El castaño, solitario o en bosquetes o castañales, es un árbol consustancial al paisaje ancarés (en el valle de Burbia, foto izquierda). De su fruto también se aprovecha la numerosa colonia de javalíes y en las altas laderas vecinas se refugia el urogallo.

Fuente: Excma. Diputación provincial de León, 1998

 
Para conocer la zona, no deje de realizar las siguientes rutas:

MAPA DE SITUACION RUTA DEL UROGALLO RUTA DE LAS PALLOZAS