CEA - CAMPOS, DEL LLANO AL BOSQUE

 

Los campos de avutardas, los encinares relicarios y los palomares miran a la montaña por el corredor natural del río Cea.

    Las tierras de Campos han sido en León el primer escenario que han cruzado los flujos humanos históricos y esa es la razón por la que aún enseñan bien claras todas la huellas del tiempo, desde los primeros asentamientos romanos en esta proovincia, hasta el paso visigodo, el esplendor mudéjar o la expansión monacal.

    Esta intensidad histórica se ha traducido en un paisaje de ocupación y poblamientos, junto a una extensión agrarista que arrinconó los históricos bosques de encina y roble para configurar una norma de llanura arada y lomas de barbechos que , sin embargo, habrían de crear un verdadero privilegio natural para algunas especies emblemáticas como la avutarda, que tiene precisamente en estas tierras su último santuario continental, razón por la que se viene desarrollando aquí un complejo y costoso programa de protección a esta especie por parte de la Comunidad Europea.

    Este horizonte cerealista, extendido a las vecicnas tierras vallisoletanas y zamoranas, permiten hoy el asentamiento de numerosas colonias de avutardas, los ejemplares de mayor porte y vistosidad de toda l avifauna ibérica (es relativamente fácil su avistamiento).

    Pese a la intensidad agraria, Campos y las riberas del Cea y Valderaduey conservan aún destacadas masas forestales, verdaderos refugios de fauna autóctona: Dehesa de Valdelaguna, coto de Valdecajos (encinar relicario intacto desde su tutela por el desaparecido monasterio de Sahagún), pinares de Riocamba (en la cabecera del río Valderaduey), bosques de Prioro (hayedos y robledales en la cabecera del Cea), valles de Tejerina y Mental, o los robledales de La Mata de Monteagudo - La Red de Valdetuéjar, junto a las propias riberas de los ríos, corredores biológicos que enlazan las llanura de Campos con la agreste montaña de Riaño.

    La perdiz y la liebre son señoras de la fauna de Campos. La extensión de cultivos cerealistas y viñedos garantizan su proliferación, a la par que el zorro recupera territorios perdidos y en menor medida, el lobo.

    En las cabeceras del Cea y Valderaduey, la vida salvaje alcanza el esplendor de la montaña leonesa y participa de su diversidad y espectacularidad (aves rapaces, corzos, venados, hurones, tejones, así como 130 especies de aves y todo un cosmos botánico que alberga esta riqueza). Integrados históricamente en la dimensión natural de estas comarcas, es forzado citar a las palomas, cuyos bandos nutren el paisaje natural de la llanura partiendo de unos palomares tradicionales que constituyen un alarde de arquitectura popular donde cabe la singularidad y el capricho de la albañilería del barro y del adobe.

    Las avutardas, distribuidas en colonias por Tierra de Campos y zonas limitrofes de Valladolid y Zamora son un privilegio faunistico. Estas llanuras cerealistas son su último refugio en toda Europa. Los ejemplares adultos superan los 15 kilos de peso.


    El rio Cea, corredor verde en medio de la aridez, a su paso por la localidad que le da nombre..

Fuente: Excma. Diputación provincial de León, 1998

 
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MAPA DE SITUACION RUTA DE LOS PUENTES RUTA DE LA AVUTARDA