LA CABRERA, DONDE LOS HOMBRES PIERDEN EL PASO

 

En la periférica comarca de la Cabrera la naturaleza brava es señora de sus montes y en cada valle hay un descubrimiento.

    La Cabrera es, sin duda, una de las comarcas más sugerentes de la provincia leonesa. Su situación periférica y fronteriza con las provincias de Zamora y Orense otorga a sus valles la condición de término, más que de tránsito, de manera que cada uno de sus parajes parece condenado a ser destino, algo que a su vez les ha liberado del acoso de tráficos y caminos.

    La calma y cierto abandono son la norma. una paulatina despoblación ha liberado a sus montes de la intensa presión agraria de siglos. La vegetación espontánea vuelve a señorear en las laderas para alegría de los corzos, lobos, jabalíes o ginetas, águilas, perdices, hurones... El imperio de la urz extiende su manto morado donde antes creció el centeno. Se respira la amplitud.

    La Cabrera en realidad son dos, la Alta y la Baja, esculpidas por dos rios distintos, dos mundos en uno solo, dos rastros de un tiempo perdido. Su expresión paisajística es la herencia de muchos siglos de aislamiento. Pero, estando geográfica y umbilicalmente unidas, cada Cabrera tien su aquel. La Alta, bañada por el río Eria, presenta una mayor aspereza orográfica al enfajarse entre las sierras de la Cabrera y las espaldas del macizo del Teleno. La Baja, sin embargo, nace agreste y concluye con las benignidades del aire berciano a orillas del Sil. La una es aurifera. La otra, pizarrera. En ambas, la magnitud de la montaña dice que este es lugar para que se pierda el hombre y se encuentre a si misma la vida salvaje.

    La fauna. por ejemplo, tiene hoy más campo que nunca. Los intrincados caminos de sus ríos y torrentes laterales vienen siendo uno de los últimos santuarios en León para la nutria. La truchas beben aquí aguas de privilegio. El tejón tiene robledal espeso en el que refugiarse y el alimoche encuentra en las altas peñascas su mejor casa.
Independientemente de que cada uno de los dos valles de la Cabrera constituye por sí mismo un espacio natural de inabarcable expresión, existen parajes especialmente recomendados para el curioso y el amante de los descru rimientos:La Baña (con su lago superior y sus engarces con la montaña sanabresa); el lago de Trucillas; la sierra y estribaciones del Teleno (con su cercan estación de esquí de El Morredero); la Sierra de la Cabrera o la cara oeste de los Montes Aquilanos (por los que transcurren más de cien kilometros de canales ejecutados por los ingenieros romanos para abastecer de agua el lejano yacimiento aurífero de Las Médulas.

    Estos canales, llamados aquí "carriles", son el principal monumento histórico de la comarca, cuya monumentalidad más viva radica en la profusión de su arcaica arquitectura tradicional, en los viejos castros astures o célticos y en las espectaculares explotaciones romanas de Las Médulas y Las Medulillas de Yeres.

    En medio de este fragor natural e historico, las gentes cabreiresas, sus trabajos y sus costumbres constituyen una obligada referencia para comprender la naturaleza viva de la que han sido protagonista y parte fundamental cada uno de los pueblos de esta doble comarca.


    La amplitud es la norma paisajística de la Cabrera. Grandes valles, pueblos arracimados de arquitectura rural espectacular. Imperio de la urz y monte bajo. Robledales escondidos. El jabalí es frecuente en estos monte cada vez más tupidos de vegetación autoctona tras el abandono de cultivos. La fauna cabreiresa aumenta día a día.

Fuente: Excma. Diputación provincial de León, 1998

 
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MAPA DE SITUACION RUTA DE ROMA RUTA DE TRUCHAS Y ORO