EL PÁRAMO Y EL ORBIGO, DEL VERDE AL SECANO

 

El milagro del agua y el verdor de un rio conquistan la tierra del sol, de la sed y del adobe.

    Las crónicas de la colonización romana hablan de la comarca del Páramo leonés como tierra de bosques donde se cazaba el venado. Hoy, despues de repoblaciones medievales e intensidad agraria, han de suponerse estos robledales y encinares desde los escasos tapetes forestales que restan en esta gran planicie apenas ondulada por las breves vallinas y torrenteras que quiebran su suelo arcilloso, pedregoso, de aluvión, idóneo para el cultivo de la vid y cereales de secano.

    Como contraste, el oeste paramés es radicalmente conjurado por la larga alfombra verde el río Orbigo y su espeso soto de arbolado, ancho corredor frondoso abierto por el agua de una ribera hitóricamente regada, fecunda. Ese agua, derivada hidráulicamente hacia su alto costado de secarrales, ha modificado la mitad de la comarca paramesa de una forma radical en su paisaje agrícola y naturalístico, permaneciendo su otra mitad histórica sometida al riguroso calendario climático y a las especies faunísticas y botánicas que le son propias (roble, matojo, encinar relicario, tomillo, escoba, majuelo... alondra, alcaudón, perdiz, liebre, zorro, alcortán, ratoneros...) que ocupan el progresivo abandono y barbecho de no pocos parajes en los que subsisten lagunas estratégicas para aves acuáticas estantes y migratorias (ecepcional riqueza en la de Villadangos).

    Sin embargo, el Páramo de nuevo regadío, hoy agrariamente intensivo, contempla nuevas especies favorecidas por los cultivos (zorro y jabalí han progresado asombrosamente, junto a córvidos y una avifauna considerable, anátidas incluídas).

    El Orbigo, por su parte, crea un hábitat distinto y complementario. Como río de anchura, su amplio soto histórico (hoy transformado en gran medida en choperas de crecimiento rápido) establece un corredor ininterrumpido entre las tierras del sur mesetario y la montaña central. Su refugio forestal es idóneo para unas 130 especies de aves (incluidas las migratorias) relativamente accesibles a la curisidad ornitológica. Ictiológicamente, la trucha es la reina de sus aguas (en menor medida, la boga; en tramos del sur, también el lucio). La fama de los cotos trucheros del Orbigo es internacional. En sus tramos superiores (confluencia con el río Omaña) resisten las últimas nutrias.

    Las zonas más indicadas para la observación naturalista se localizan en los sotos de Villarroquel, Cimanes del Tejar, Santa Marina del Rey (balsa con numerosas aves acuáticas), Requejo o inmediaciones del puente de La Vizana (Alija del Infantado). En el tramo sur del Orbigo - Tierras de Alija del Infantado y de la Nora del Río - son especialmente interesantes las enormes masas forestales de encinas de Bécares (ejemplares de más de 500 años).Desde este punto, corren paralelas las aguas del río Jamuz, cuya ribera presenta un complementario recorrido histórico de yacimientos arqueológicos y fortalezas (Quintana del Marco, Villanueva de Jamuz), así como la patria leonesa de la alfareería, Jiménezz de jamuz.


    Al paso del Orbigo se extiende una alfombra de soto y arbolado que se convierte en estratégico corredor ecológico y albergue seguro de una extensa avifauna, mientras que el secano paramés está condenado al cereal que no deja de ser un espectaculo botánico cada primavera.

Fuente: Excma. Diputación provincial de León, 1998

 
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